LA ACCIÓN POÉTICA DE ENRIQUE LIHN

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Pablo Poblete

A Rolland Husson y Andrea Lihn

Esta entrevista tuvo lugar en la ciudad de Santiago de Chile en agosto de 1987 pocos meses antes de la muerte del poeta. Quería llevarme a París (ciudad donde resido desde 1979) un recuerdo vivo, personal e íntimo de quien considero mi primer maestro en poesía. Conocí a Lihn en 1974 (poco después del golpe) pues había ganado, junto a otros seis escritores, un concurso para participar en su taller literario, dictado en la Casa Central de la Universidad Católica, del que guardo un sentido recuerdo de mis compañeros de entonces: Sonia Montecinos, Francesca Lombardo y Radomiro Spotorno. Enrique nos sumergió durante un año en el estudio de los Cantos de Maldoror, del Conde de Lautremont, y su relación con el psicoanálisis freudiano, trabajo rico en revelaciones y creatividad en medio de un Santiago “prisión-prisionero”.
Recuerdo de Enrique Lihn su gran lucidez, su vasta cultura y su insaciable deseo de ir siempre en búsqueda de lo nuevo. Esta personalidad llevaba en sí una extraordinaria “insatisfacción productiva” que hacía de él un ser en permanente reflexión, análisis e indagación de los aspectos más profundos y esenciales de su propia existencia, de la colectiva y del llamado “yo psico-literario”.
En este encuentro, Enrique Lihn, a pesar de estar conciente de que su enfermedad era más fuerte que su digno combate por vivir, revela una notable juventud poética a través de su incansable curiosidad creativa. Han pasado quince años pero sus propósitos estéticos y su obra continúan asombrándonos con su vigencia.

St. Michel Sur Orge, Paris, diciembre de 2002

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